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Historias Rockeras

La Doncella - un relato sobre Armando Vega-Gil.
Categoría: MAGAZINE | Publicación: 5/4/2019

Por @luck_sky100

Te amo, me escribías cada rato. Y yo siempre te contestaba: Yo te amo más.

Historia Rockera de Armando Vega-Gil

Qué rico era compartir contigo la mesa, eras todo un sibarita. Cuánto sabías de vinos, aunque yo odiaba lo fresa que eras y me reía de lo pronto que te emborrachabas. Adoraba leer tus manuscritos y necesitaba de tu sabia mirada antes de publicar mis libros. Desde que te conozco, estás en cada una de mis novelas. Talleres impartidos hombro con hombro. Mensajes por el Whats todos los días. Fotos cómplices. Secretos. Me contabas de tus amores frustrados. De las metas que todavía no habías logrados. De tus triunfos y problemas. De cada puerta que se te fue cerrando.

Fui testigo cotidiano de tu enorme amor por Andrés. Ser padre te hizo ver la vida de otra manera. De hecho, la última vez que hablamos, estabas observando a tu hijo mientras tomaba sus clases de natación. En tu voz se transparentaba esa ternura, ese orgullo.
¡Hay tantas cosas que ya no pudimos hacer juntos!

Ser atea, en momentos como este, es un horror. Sé que jamás volveremos a estar juntos. Y sé, también, que siempre, siempre, siempre cargaré ese vacío que me has dejado.

Pero hoy, con un whisky en mi mano, agradezco tanto haberte conocido.

-Beatriz Rivas “Bacha”, extracto de discurso publicado en su cuenta de Facebook.

Historia

Se dice que a esta cantina, todos los que alguna vez recorrieron la escena nacional, tienen que parar aquí, ya sea para digerir su partida con un último trago o para reencontrarse con viejos conocidos, el nuevo visitante permanente es Armando Vega-Gil, quien no sabía cómo llegar a este lugar.

-¡¿Qué paso mi Cucurru-Cucu?!-

Una voz familiar le da la bienvenida a Armando. Se trataba de nada más y nada menos que de Lalo Tex, viejo amigo de aquellas tocadas de rock en Rockotitlán y sus guackarocks por el Alicia.

-¿Lalito? ¿Cómo estás? ¿Por qué estamos en esta cantina?- pregunta muy confundido Armando.

-Estás en la Doncella, este bar fue fundado por el mismísimo Rockdrígo González para no sentirse sólo en el más acá.

-¿Más acá?- sigue sin entender Armando.

-¡Ajá! Ya te nos petatiaste, ¿por qué crees que estoy aquí?-

"La Doncella” es una cantina en los momentos en que el rock mexicano se vio incomprendido por la escena del más allá, mientras hay estadios Dummys o Foros más fifís en los que los artistas gringos se presentan, aquí, todos aman el rock puritito mexicano. El nombre, al igual que muchas letras de canciones, es por una mujer, pero esta era especial, ya que era la anfitriona que traía del portal de la vida, directamente a la cantina; Rockdrigo se había enamorado de ella, quizás por su crudeza y juicio intacto, pero en ella encontró consuelo, aún la enamora con sus canciones, y a ella le gusta lo que hizo con este lugar, homenajearla y escuchar rock.

-Vente, tienes que saludar a muchos camaradas ¿te acuerdas a Rita?- Lalo mostrando el lugar con entusiasmo.

-¿Armand? ¿Eres tú?- una voz femenina pregunta con alegría.

-¿Rita, eres tú?- se abalanza para abrazarla- ¡Te ves igualita nena!

-Amigo, no sabes cómo extraño sus babosadas, pero, ¿por qué estás aquí? ¿Les pasó algo a Arau y el Tuerzo?- pregunta inquieta Rita.

-¡No! Sólo fui yo el que quiso venir, ellos no sabían de esto.

-Pero, ¿por qué querrías venir hasta acá? Te ves saludable, eras buen hombre.

-Tuve un momento de caída, no sabía qué hacer, a quién recurrir, muchas veces he actuado por impulso, sin preocuparme por las consecuencias, pero siempre termino disculpándome si es algo en lo que la haya cagado. Tuve un momento de pánico, quería decir que todo era mentira, pero tampoco sabía tolerar las críticas, ya estaba señalado, en estos días, el internet es más poderoso que las leyes, ni Salinas hubiera controlado este poder.

-Pero, ¿de qué hablas?- Rita se asusta por sus palabras.

-Siempre he defendido las causas rebeldes, aquellas que son minimizadas por la sociedad. ¿Recuerdas ese concierto en Ecatepunk? Terminamos aventando las sillas del lugar porque el cadenero se propasaba con las chavas. Nunca creí ser acusado por lo que más defendía. Hace unos días, me acusaron de abuso y acoso sexual. ¿Te imaginas, yo? Todo se derrumbó, mi vida no era la importante… Dice que tenía 13 años, eso a mí me daría asco, me daría vergüenza ver a mi niño y pensar que alguien más intentara eso, y que sería hipócrita de mi parte defenderlos cuando soy un cerdo igual de bastardo que ellos.

-¿Y si no eran ciertas las acusaciones, porque no te defendiste?- pregunta Rita con la mirada triste.

-Si volviera de un viaje a mis adentros, y sobreviviera a los lamentos, pediría fueras para decir cuanto lo siento- contesta decepcionado Armando.

Una sombra muy alta se postra detrás de él, solo hay un frío penetrador que deja inmóviles hasta los más valientes, una mano fría y dura sujeta el hombro de Armando, La Doncella, sin tener nombre o apodo, le susurra la última oportunidad de su vida:

-¿Te puedo dar un último viaje? El camino será largo, el tiempo corto, pero sólo tendrás una oportunidad, ¿quieres ir?-

El tiempo es difícil de medir, a veces piensas que una hora es eterna, otras, que dos días son nada, Armando tenía una última oportunidad, el reloj corría en su contra, ¿de quién se despediría? ¿A los amigos que formó desde la secundaria y que vivió y marcó toda una línea del rock nacional? ¿De su hijo que se siente confundido? O, ¿de alguna de sus compañeras de viaje con las que compartía besos y pasiones pero por inestabilidad, nunca supo quedarse con una?

Epílogo

En el plano ancestral son aproximadamente las 2:37 AM, una figura femenina está junto a su ataúd, descansando después de un día agitado entre condolencias y abrazos por personas que vinieron a despedirse de su viejo amigo. Muchos son periodistas, conocidos, del medio underground, los comerciales están por morbo, hace chingos de años que la Botellita no aparecía en la tele comercial.

La Doncella le dice a Armando que hay poco tiempo, que si dedicará algo, es el momento; Armando no sabe cómo, él no era bueno en la cantada, si en las letras, pero se acordó de una canción que siempre se la quiso dedicar en vida, solo que por temor, nunca lo hizo.

-Ahí te va mi chiquita-
“Niña, niña de mis ojos ¿qué voy hacer para cambiar todo a mi alrededor?
Todos me ven como un rebelde de lo peor, más soy igual a los demás sin un disfraz…”

La Doncella se percata que esta mujer, siente un placer, al escuchar su voz, aunque sea en un sueño, pareciera que esta despedida es de lo más íntima, si tan solo supiera que él está a su lado.

“… siempre es mejor, pedir perdón, pedir permiso me falló.
Niña ¡Quítame los ojos! Para no ver lo que no tiene solución.”


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