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FESTIVAL TECATE COMUNA
Cuando el agua y la música unen - Reseña
Publicación: 28/8/2017

Por: Ángel Armando Castellanos 'Araña'

Sábado por al medio día. Cholula, Puebla. El sol está pegando tan fuerte como le da la gana y a lo lejos se ven algunas nubes. ¿Lluvia? Ni de broma. Al menos no en ese momento. El público forma filas de más de 30 metros para ingresar a las Canchas de Xaltepec. El Festival Tecate Comuna en teoría tiene todo para regalar una grata experiencia.

E inicia como quizá podría esperarse. Con Serbia yendo de menos a más. El sitio todavía no está lleno, pero alcanzan a escucharse algunos coros. A pesar de no reventar, la banda luce realmente sorprendida. Posteriormente reconocerán que no esperaban lo que para ellos fue un momento tan agradable.

Los Afrobrothers fueron la siguiente agrupación. Vía reggae fusión provocan los primeros bailes de la tarde. La energía -en general- es baja. Da la impresión de que el público se está reservando para lo más fuerte de la jornada. NSMPSM y Los Masterplus, de estilos totalmente diferentes, generan algo similar. Danza sin ir más allá.
Elsa y El Mar subió al escenario. Desde Colombia con amor. Se dedicó a robar suspiros y algunos coros.
Sin hacer demasiado aspaviento consiguió la atención de gran parte del público que ya hacía por abarrotar el lugar.

LNG/SHT y el rap asumieron el reto. Había que levantar aún más a la gente. Más coros, más manos al aire, más show. Y lo logró. Incrédulo, captó la atención casi total. Sus canciones no fueron replicadas por completo, pero se fue con más fans de los que tenía al arranque. La intervención de Max Chinaski y Sabino terminaron por redondear su presentación. El Festival había comenzado. O al menos eso se creía...

Paté de Fua buscó por todos lados conectar con los asistentes. Se percibía cierta ebullición en el ambiente. Y sus sonidos captaron cierta atención y provocaron admiración, pero el baile, y en general, la comunión, no lograron manifestarse en absoluto.

La situación cambió con Reyno. No hubo una entrega total de abajo hacia arriba; sin embargo, los coros se escucharon con mucha, mucha mayor fuerza. La actuación de este grupo generó sonrisas y asombro entre los asistentes.

Y entonces sucedió... Llegó la hora de Porter y Porter tomó desde arriba su papel incendiario. El público que casi llenaba el lugar se volcó hacia el escenario. Comenzó a gritar y a pedir por su banda. Y su banda respondió y provocó que cada canción fuera replicada a través de la voz y el baile haciendo parecer que había sólo un ente en el lugar...

Con División Minúscula la respuesta fue similar. Quizá un poco más intensa. Quizá porque después de la cuarta canción las condiciones cambiaron por completo al caerse el cielo. Y entonces, esa lluvia, en lugar de disipar a los fanáticos, los hizo juntarse más y más en una sola voz. Una que coreaba a morir cada canción.

Los Claxons aprovecharon el momento y replicaron a División Minúscula. Sus fieles se entregaron por completo. El agua era el ingrediente que hacía falta para que el festival terminara de explotar y así se entendió. Entre réplicas vía voz y saltos -cada vez más complicados- celebraron su actuación hasta que los organizadores tuvieron que pararla y anunciar una pausa obligada por el chubasco.

A Carla Morrison le habrá tocado el instante más complicado de la noche. Alrededor de una hora sin nada. Sólo lluvia y nula actividad en el escenario. Y no le importó. Después reconoció que hubo nervios por enfrentarse al público en tales condiciones. Pero no, no los mostró y al contrario. Su voz conciliadora triunfó y robó todo lo que pudo robar de los fanáticos.

Los Cafres tomaron el testigo y ganaron coros y alegría. El set fue sin sus mayores éxitos. Igual se ganaron completa la atención. El lodo hacía cada vez más complicado bailar y aún así, hubo baile para ellos.

Más difícil podía tenerlo Crystal Castles. Música para bailar en un sitio en el que levantar los pies del suelo era realmente complicado. No importó. Manos al aire al ritmo de beats y un show lleno de psicodelia sobre el escenario. Protagonista total de la noche.

Apareció Café Tacvba y la euforia total. Lo suyo fue un espectáculo sin escatimar. Cada canción pensada. Una para bailar y corear y otra para escuchar. Querían enloquecer a los fanáticos y lo lograron. Asumieron el Jei Beibi -su nuevo disco- sin llenar de sus canciones la noche y las combinaron con los clásicos. Alguna lágrima rodó cuando cantaron el tema homónimo, en homenaje a los estudiantes desaparecidos.

Finalmente la noche, ya convertida en madrugada, terminó con Cartel de Santa. Manos al aire durante toda su presentación. Temas replicados sin llegar al exceso. Una banda que se adueñó por completo del escenario. Show que cerró el festival.


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