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ENRIQUE BUNBURY

Reseña - cuando la bestia se soltó.
Categoría: INTERNACIONAL | Publicación: 16/10/2018

ENRIQUE BUNBURYReseña - cuando la bestia se soltó

Por: Ángel Armando Castellanos 'Araña'

Bunbury se comportó como si estuviera en un sitio pequeño. Exigía mayor intimidad con sus fans, pero sólo los que estaban pegados al escenario,correspondiendo con roces en sus manos, casi susurrándoles las canciones al oído.

El público correspondió como lo que era, un público de Auditorio Nacional. Le coreaba todo y le imitaba los movimientos de cadera. Ambos querían que el sexo que se insinuaba llegara al orgasmo a través de la cercanía física que era imposible lograr.

Bunbury entendió que el camino podía ser la transfiguración real. Se quitó el saco arrojándolo como el que se va a desvestir. Playera sin mangas, tatuajes en los bíceps y una botella de agua arrojada a la multitud. Rey lagarto que se acercó a los laterales y provocó el desorden. Touch Me, pareció decir mientras cantaba “despierta, despierta de una vez”, en realidad era su letargo el que había terminado. Cedió el micrófono a la gente. Adiós sueño, hola realidad en el Auditorio Nacional.

En el palco derecho mamá e hija coreaban “nada puede dañarme, con mis amigos nadie puede”. Ambas estuvieron paradas desde el primer tema. A mamá le recordó la juventud, la que los Héroes del Silencio marcaron; a la hija, la cercanía con mamá desde la adolescencia.

El pasado, la nostalgia, el recuerdo, ahí estaba todo, hasta canciones poco tocadas de Héroes del Silencio. “El héroe de leyenda, de frente al sueño de un destino”, se coreó.

Aún así Enrique estaba incómodo. Se sentía solo y para el rockstar la soledad sólo se acepta en dos instantes, al componer y al morir.

“¡Este acomodo no me gusta. Dejen venir a la gente. Acérquense!”, exigió. El torero invitó a la bestia, no para matarla, sino para seducirla y comerle viva el alma al tiempo que él la alimentaba. La bestia acudió en manada y él, feliz, se la folló.

Precocidad disfrazada. Hora y media de concierto y un encore breve. Ni parecía que hubiera pasado ese lapso de tiempo. Enrique estaba follando y quería el resto.

Volvió rápido. Como si algo le hiciera falta. Pero, en realidad, él ya había terminado. Como después de la faena, llenó el escenario de palabras cursis con melodías. No hubo mucho más. Un beso en la frente, otro en la mejilla, y vámonos a casa.


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Tags: Enrique Bunbury, Auditorio Nacional, concierto, faena, Héroe de Leyenda



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